Martín Hourest
Martín Hourest
 
 

Todavía No
 
27/05/2010 00:00

* Nota de Opinión del Diputado de la Ciudad de Buenos Aires, Martín Hourest.

Martín Hourest
Martín Hourest
 

Vivir juntos es una decisión que se orienta a superar dificultades y ampliar posibilidades.

Durar en la vida, hasta que fatal e inevitablemente termina, condenar o condenarse a una rutina de agravios y malos tratos o, simplemente, ser solo cuerpos que respiran sin proyecto no sirve individual ni colectivamente.

No hay sujeto ni país que sea solo ayer, que pueda convivir solo con el hoy o que se remita a una inmensa e inverificable promesa.

La política debe hacer la tarea de poner en tratamiento las diferencias, dar espacio a las indignaciones, otorgar crédito a los acuerdos, colocar en escala humana – muy humana, cercana e inmensa- la formulación de los futuros deseados y la elaboración de los pasados.

Por eso la discusión acerca de vivir juntos que algunos creen que se agota en el sometimiento de las mujeres y los hombres a los límites de los estados y los roles sociales siempre necesitará de nuevos sustantivos y nuevos adjetivos y, aunque parezca mentira, de nuevos verbos. Verbos que son palabras que reconocen acciones.

Las sociedades no resuelven sus conflictos apelando frenéticamente a su nombre ( por ejemplo Argentina), ni a un destino (ser potencia, líder mundial) ni a sus glorias pretéritas (el Granero del Mundo) sino a las formas en que millones de ciudadanos pueden liberarse de las necesidades de hambre, abrigo y saberes para pararse con incógnitas, pero sin miedo, y ponerse metas, valorando obstáculos sin resignar objetivos. Nunca se sabe de cuántas cosas se es capaz de hacer hasta que se inicia esa construcción, yendo más allá de las raíces del presente.

Necesitamos construir una democracia, como el sistema que da mas potencia a nuestras definiciones y decisiones, entremezclada con los infinitos detalles que conforman nuestra vida. Empleo, ingresos, educación, salud, vivienda, hábitat no pueden ser ya más capítulos inmensos de un gran relato interminable e incomprensible. El gran relato de la democracia es la vida cotidiana.

Todos los días, cada día, una vida que dependa de nuestra decisiones y no de las decisiones que otros toman por nosotros. Capitales, empresas, bandas, burocracias, oligarquías políticas o sindicales, estados discriminadores y excluyentes pueden ser las caras del sufrimiento y el desprecio.

Se trata, ni mas ni menos, que podamos llegar a un sistema de toma de las decisiones en que puedan fundamentarse libremente, que no dependan del poder ni el dinero para que sus argumentos sean oídos, que podamos revisarlas y no quedar prisioneros de errores o ineficacias. Poder decir, poder oírnos y poder cambiar.

Representaría una hipocresía brutal o un escamoteo inmoral desconocer que sin una igualdad sustantiva la pretendida libertad es un lujo para los que ya la tienen y una burla para aquellos que están dispuestos hasta a entregarla en el mercado, en las esquinas y en las elecciones a cambio de un minuto de tranquilidad. Mucha historia ha corrido para demostrar que igualdad y libertad no pueden ser separadas sin que al tiempo mueran ambas.

Esa ciudadanía (buena mezcla de experiencia en libertad e igualdad) no puede ser construida por el mercado, ni por un orden internacional o por la simple observancia de las leyes. Hace falta un concepto de lo público robusto, ampliado y preocupado por no resultar amputado o desviado a la delegación frente al poder y a la pasividad frente a los espectáculos. Ciudadanos, no clientes ni espectadores.

Se requiere obviamente de un estado útil, ágil y amigable para que las mayorías salten de los derechos a las capacidades efectivas. Estados que no resulten prisiones para los más débiles y lugares optativos de conveniencia o herramientas sofisticadas para reproducir el poder de los poderosos.

En un país y un mundo en cambio vertiginoso no podemos desconocer la incertidumbre de las situaciones que debemos afrontar. Podemos dejarnos vencer. Podemos repetir respuestas viejas. Podemos, o tal vez debemos, asumir que la incertidumbre esta ahí pero también nuestros valores.

Desconocer como será la pregunta, obliga a saber con cuanta intención e intensidad y con que sentido inequívoco daremos la repuesta. Más autonomía personal, más igualdad y más libertad son los sentidos que dan sentido a nuestra vida.

Por eso la política y la democracia no pueden ser conformistas con lo que ellas mismas producen.

Hay que discutir la democracia con la democracia, confrontarla con ella misma y no escondernos tras la atrocidad infame de la dictadura. Chicos, barrios, escuelas, hospitales, mujeres, partidos, empresas, sindicatos, trabajadores y políticos son el producto de esta democracia que hay que criticar, profundizar y democratizar.

¿Se llega algún día a ese momento donde casi nada queda por hacer? No. Todavía no. Por suerte, siempre habrá un todavía no. 

 

 
 
Comentarios de los vecinos y vecinas:

Vecin@:
Fernando Petus - Fecha: 29/05/2010 a las 00:29

Comentario:

Ya que estamos, podríamos preguntarle a Stolbizer por qué después de más de diez años que salió el fallo de "Olmos s/denuncia" (la famosa causa Olmos sobre la deuda extertna) que declara como fraudulento más del 80% del monto de las obligaciones externas originarias no se ha tratado nunca en el Congreso (donde fue remitida por el Juez) Lo digo porque Stolbizer sostuvo que el Congreso la ha tratado de manera implícita al aprobar el Presupuesto de cada año y con él los respectivos pagos de las obligaciones derivadas. Es extraño que gente que podría hacer un escándalo por $500 de viáticos mal liquidados no se sienta tentada a ver por qué se han pagado más de U$S 100.000 millones de un fraude. Y se siga debiendo otro tanto. Eso por no contar los dividendos girados al exterior por las privatizadas, ni la facturación de las empresas locales que eran proveedoras (hablo de las honestas) de aquellas empresas, etc. Ni mencionar tampoco de la "deuda social". Esta tampoco fue tratada. NUNCA. Digo, porque podríamos, - con un poco de buena voluntad- aprovechar la discriminación de las operaciones que contine la causa como para poner algún impuestito -de unos 5, 6, o 10.000 millones de dólares de recaudación al año- .Blair hizo algo parecido hace 15 años cuando asumió después del período conservador con las empresas que se habían privatizado. Aunque en ese caso, se trataba de simples "subvaluaciones" de los activos en función de la renta que generaron durante los 20 AÑOS siguientes para sus dueños. Cito el caso para evitar discusiones sobre "seguridad jurídica". Cordialmente, los invito a mirar este bonito caso del Primer Mundo. Y de la cuna del "Capitalismo Popular" y del otro también. Ojo, ya que estamos, podríamos ver el tema de las subvaluaciones. Pero para eso, hay que charlar menos y hacer más. "Efectividades conducentes", que le dicen. Ahora bien, si se pretende ser el ala progresista de una República Oligárquica (una "Republiqueta Bananera") el camino elegido (el de los discursos) es el correcto. Pero eso no es una democracia. Es una República formal gobernada por unos pocos para sí mismos. Como decía otro radical olvidado, la intelligentzia es renga pero necesita de las dos patas para caminar: la izquierda y la derecha. "Vea usted caminar a un cojo y verá que un lado del cuerpo parece rechazar el movimiento del otro. Pero en definitiva los dos lados es decir el cojo completo, van hacia un mismo objetivo".
Hourest

Vecin@:
Pamela Chamula - Fecha: 27/05/2010 a las 15:37

Comentario:

Ante todo quiero felicitar al legislador Hourest y a su equipo por la nueva herramienta que ponen a disposición de todos los habitantes de esta ciudad; sobre todo por resaltar la voluntad de comunicación y no simplemente de información de sus actos de gobierno. Y en este sentido, me gustaría expresar algunos deseos que sin dudas pueden ser importantes para el desarrollo de una ciudadanía plena. En primer lugar, me gustaría saber si tiene pensandas algunas prácticas sociales que faciliten el encuentro público de ciudadanos, en las que podamos manifestar nuestras inquietudes, deseos y nociones de ciudadanía, democracia, salud, educación, familia, lo público, entre otras. Me refiero no sólo a prácticas culturales como la que en este momento experimento yo (escribir en su sitio), sino talleres, debates, encuentros. Sugiero una actitud pedagógica, que nos enseñe formas de comunicación entre los ciudadanos, que faciliten la conformación de espacios de diálogo entre nosotros, a fin de que juntos podamos comprender de qué hablamos cuando hablamos de temas como educación, salud, ámbito público, política pública, ciudadanía. Y sobre todo, para que las políticas públicas atiendan verdaderas necesidades de la ciudad y no se vean obligadas a existir cuando arde la ciudad. En segundo lugar resalto su actitud frente al futuro. Es preciso que nuestros legisladores desempeñen su función en un ámbito de libertad, que les permita realizar un trabajo prospectivo, de manera tal que podamos alcanzar entre todos la imagen de futuro que deseamos o soñamos. Sabemos bien que el futuro es indeterminable, por lo que es neceario acercarnos a los futuros posibles. Es un gran paso que un legislador esté pensando en ello y que asuma la responsabilidad de prever, sin artilugios ni echando mano a la futurología, políticas públicas pertinentes. La visión que usted tiene de los ciudadanos (es decir, ni clientes ni espectadores), nos obliga a pedirle que cree las condiciones necesarias para que nos escuchemos y que podamos sentirnos parte del cambio que propone. Escuchar y sentir son los pilares fundamentales para que un proceso social como el que creo usted propone, que sea capaz de dinamizar las prácticas y los significados a fin de sentirnos ciudadanos libres y respetados. No lo conozco, pero luego de leer un rato su sitio web, considero en último lugar que será capaz de pensar estratégicamente las formas de reunirnos a todos. De que podamos confluir en espacios en los que podamos definir qué entendemos por libertad, ciudadanía, democracia; que usted considera necesarias para afrontar el futuro o para definir aquél que deseamos. Me refiero a actividades en escuelas, clubes, universidades y, por qué no, la Legislatura misma. Responder a consignas sobre los niveles de participación de los individuos en la sociedad, trabajar las concepciones de deseo, de sentimiento, de consenso, compromiso y cooperación que tienen nuestros ciudadanos (a través de talleres o la metodología que usted y su equipo crean mejor) son formas de comunicación infinitamente más potentes que el conjunto de buenas prácticas reunidas en un sitio web. Hacer de la dimensión comunicacional uno de los ejes desde el cual generar el cambio, que desate el proceso que nos conduzca a un futuro mejor, que respete las diferencias y que nos encuentre más unidos; es una de las tareas a realizar. La dimensión estratégica comunicacional debe resultar dinamizadora de este proceso social, permitiendo discutir cuestiones que los ciudadanos no discuten y sembrando incertidumbre allí donde creemos que todo es claro y cierto. Pensar que podríamos estar peor es una forma infeliz de pasar nuestros días. Convivir con la incertidumbre del futuro, asumiendo que somos capaces de desearlo y alcanzarlo; apoyados por legisladores como usted, comprometidos con este proceso, es el paso impostergable que tenemos que dar. Saludos Cordiales. Pamela J. Chamula
Hourest
 


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